miércoles, 21 de diciembre de 2016

"Retórica" poema de Fatima Rodriguez Serra





  • Para escribir un poema de amor yo me inspiro en lo que vivo, lo que veo y lo que invento.
  • Luego redacto una historia, con una introducción, una idea central, la cual debe transmitir ese mensaje de afecto, culminando con un final. 
  • Con la ayuda del diccionario que define los vocablos coloco la rima consonante.
  • Empleando el glosario de sinónimos e ideas afines. reviso la métrica. Incluyo algunas figuras literarias, para enriquecer el texto. 
  • Reviso la fluidez expresiva, para que no se repitan los sustantivos, adjetivos y verbos, a menos que sea necesario. 
  • Y por revisar tantos libros y documentos, decidí escribir un homenaje a la "Retórica"





 "Retórica"  publicado en mi poema "Retórica", 2009.


El día viernes 17 de octubre del año 2008, fui invitada por las autoridades de la Universidad ESAN, para participar en el homenaje por el 10 aniversario de la desaparición del Dr. Enrique Valdez.
En dicho homenaje recité dos de mis poemas Arboles y Retórica.
"Retórica" es el arte del bien decir, y gracias a los sabios consejos recibidos por el Dr. Valdez, descubrí que hablar con propiedad, nos abre muchas más puertas.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Un vecino miraflorino en el año 2005

Una conexión de amor
Esta es una historia real cuyos protagonistas no serán identificados, pero todo el relato lo haré en primera persona.

Durante la narración, quizá algunos de los protagonistas puedan ser reconocidos, pero como no incluyo nombres, ninguno podrá reclamar por ser parte de estos escritos.


1.   Un vecino miraflorino en el año 2005

A principios del año 2005, y por razones de seguridad, la comuna miraflorina había repartido, junto con la cartilla de pago de arbitrios, una calcomanía con el número de la zona a la cual correspondía el predio. La zona donde resido es la número 3.

En ese año, en la cuadra 11 de la calle José Gálvez, a la altura del malecón Cisneros, residía una amiga, a quien nombraré Claudia, a la cual yo acostumbraba visitar durante las tardes de verano.

Debido al calor del verano, solíamos conversar en el jardín exterior, el cual tenía un pequeño muro de casi un metro de alto, adornado con muchas plantas, pero a pesar de ellas, se podía mirar a los pocos que transitan por esa solitaria calle.



Una noche, alrededor de las 9 de la noche, llamó mi atención ver ingresar a la playa de estacionamiento, ubicada justo al frente de la casa de mi amiga Claudia, a una camioneta de color negra, usando una calcomanía con el número 14, la que corresponde a la zona de la urbanización Aurora, en Miraflores, cuyo conductor nos saludó con mucha amabilidad.

Dicho estacionamiento, forma parte de la zona de ingreso del edificio ubicado en el malecón Cisneros, justo al frente del otrora centro Promotor del Terrazas.

No era la primera vez que veía a dicho vehículo, fue la primera vez que hablamos del tema con mi amiga Claudia, quien me dijo que, ella solía ver al conductor y al vehículo casi todos los días, a la hora en que ella sacaba la basura, minutos antes de iniciar su novela favorita; pero que también lo veía por las mañanas, alrededor de las 7.20 a.m., hora que llegaba la movilidad escolar de su hija, pero se percató que a veces el que manejaba era otra persona, quizá un amigo o un chofer.

Claudia, me comentó que conocía al sujeto, porque era compañero de estudios de su hermano, ambos se habían graduado en la Universidad de Ingeniería, en la carrera de Ingeniería Económica, y curiosamente vivían muy cerca uno al otro, en la urbanización Aurora en Miraflores, por ello le llamaba la atención verlo ingresar desde hacía bastante tiempo, y salir siempre solo, desde dicho estacionamiento; ella sabía que el hombre era casado.

Claudia me comentó, que algunas veces lo había visto en el hogar de su hermano, quien acostumbraba reunir a sus amigos de la universidad, para entretenerse con juegos de mesa, como el dominó.


2.   Una presencia en mi camino

Fue a partir del mes de mayo del año 2005, que, por diversas razones yo debía recurrir a una entidad pública donde la coincidencia hacia encontrarme con aquel vecino, a quien a partir de ahora llamaré el sujeto.

Yo nunca había reparado en su existencia, fue la calcomanía número 14 y su repentino saludo, los que llamaron mi atención, y como le dije alguna vez a mi amiga Claudia, “para mí era un poste más”, pero fue a raíz de esa situación, en que empecé a notar un extraño comportamiento del sujeto hacia mí.

En el otoño del año 2005, comencé a verlo caminar por los malecones miraflorinos, lugares por donde yo acostumbro pasear, al principio pensé que, quizá como era nuevo en la zona, le agradaba disfrutar del paisaje, hasta que empezamos a coincidir los domingos a las 11 de la mañana, en el parque Rabin, a la altura del gimnasio.

Mientras yo realizaba mis ejercicios en las barras metálicas, del único gimnasio en todo el distrito de Miraflores que está ubicado sobre tierra (aunque últimamente le han colocado pequeñas piedritas), empecé a notar que el sujeto hacía gestos raros y me miraba, pues de improviso empezó a saludarme, con una amplia sonrisa.

Ese comportamiento en la vía pública se repitió en diversos momentos también en locales cerrados, donde coincidimos, pero ello era más notorio, pues mientras yo ingresaba al salón de algún local, el empezaba a alejarse del grupo donde se encontraba y/o del lugar donde estaba parado, para acercarse a saludarme; yo optaba por extenderle la mano, la cual es mi manera de saludar a las personas que no son mis familiares ni amigos.

En una celebración navideña, nuevamente coincidimos, quizá por tener algunos amigos comunes, cuando de pronto se acercó al grupo en el cual estaba el anfitrión, quien era el dueño de la casa, saludándome disimuladamente con una venia, pero rápidamente me extendió la mano, quedándose a mi lado por un largo rato, pero sin cruzar palabra.

Mientras otros miembros del grupo estaban hablando sobre temas genéricos, el giraba su rostro hacia mí constantemente, actos que ignoré, pero que me confundía. Para romper el silencio, le realicé un comentario sobre uno de los cuadros ubicados en una de las paredes del salón, respondiéndome con una sonrisa que ya los había visto, luego de lo cual, y de manera disimulada, me alejé, como para ver de cerca al cuadro.




Poema Visiones


3.   Verano del 2006.

Un primer hecho del cual el sujeto fue protagonista, se presentó los primeros días del mes de enero del 2006, una noche en la que yo estaba realizando una exposición colectiva de algunos de mis obras de Arte Óptico, en una galería miraflorina.

En medio de la exhibición, el sujeto se acercó a felicitarme y a preguntarme sobre la técnica utilizada en mis obras, yo le mencioné que era un homenaje a las Matemáticas y a la Geometría, que el trazado de las líneas sobre el plano cartesiano, me era muy útil para realizar cada dibujo.

Luego de escucharme, realizó diversos comentarios sobre la variedad de las figuras geométricas que se observaban en una y otra pintura, cuando se le observa desde distintos lugares y distancias.

Al preguntarme si había estudiado Arte, le comenté que los libros fueron mis profesores, que yo había estudiado Economía, y que la pintura era uno de mis pasatiempos.

Fue en ese instante en que un amigo común, a quien nombraré Juan, ingresó a la Sala de Exposiciones, y ante su presencia, el sujeto se dirigió a él, y le dijo en voz alta “Es Economista”, lo cual me llevó a pensar que ambos ya habían conversado sobre mí, ambos se saludaron con un apretón de manos, en momentos en que otro de mis invitados se acercaba a saludarme.

El resto de la noche no lo vi, pero a la hora de retirarme, estaba parado en la puerta de ingreso de la galería, conversando con mi amigo Juan, despidiéndose justo en ese instante de aquel y luego de mi, con un apretón de manos, y como siempre con una amplia sonrisa.






Un vecino miraflorino en el año 2005
Una fiesta de carnavales y Quisiera


Una transmisión telepática
El abrazo y el beso
Un ciclista
Decidido a divorciarse
Un amigo celestino y un hermano abogado
La confesión del ciclista
Una extraña sensación en mis orejas o una conexión de amor.
Codicia en vez de amor



martes, 6 de diciembre de 2016

Una fiesta de carnavales y Quisiera

Una conexión de amor


4.   Una fiesta de carnavales

Otro acto curioso, sucedió a finales del mes de febrero del año 2006, aquella noche de verano se celebraba una fiesta de carnavales en un conocido local miraflorino. En un instante me percaté que el sujeto se acercaba a la mesa donde yo me encontraba con un familiar y otras amistades.

Como mujer, se que la vestimenta también habla, por ejemplo unos hombros descubiertos son una invitación a tocarlos, lo que no debería suceder cuando están cubiertos, sin embargo, dicho día mi experiencia fue distinta. 

El sujeto, quien había ingresado al local con su mujer, se acercó a nuestra mesa sin compañía, iniciando su saludo con un apretón de manos a cada uno que estaba sentado alrededor de ella, sean damas o caballeros.

Al llegar a mi silla, yo debía moverme porque me encontraba justo de espaldas a él, sintiendo que el sujeto empezó a acariciar mi hombro, colocó toda su mano sobre mi hombro y la mantuvo ahí hasta que yo opté por devolverle el saludo, con una palmada con mi mano derecha sobre su mano que continuaba sobre mi hombro, lo curioso fue que el sujeto, utilizó su mano izquierda para acariciar mi mano, las cuales demoró en retirar, para continuar saludando a los otros invitados con un apretón de manos. 

Mientras se retiraba, lucía una amplia sonrisa.

En el transcurso de la fiesta, varias veces lo noté caminando cerca a nuestra mesa o buscando mi mirada, la cual la sentía por una fuerte sensación en el ambiente.


5.   Una extraña fotografía 

A los pocos días de esa fiesta, mi amiga Claudia, aquella que reside en la calle José Gálvez, me comentó que su hermano estuvo con el sujeto, en una fiesta en su casa de playa (no entendí en la casa de playa de cuál de los dos), y que se tomaron varias fotografías, en una de ellas se aprecia al sujeto parado en medio de dos damas que estaban sentadas, las que resultaron ser la consorte y una de sus hijas.

Como hija de fotógrafo, se reconocer el lenguaje de una fotografía, y en esta observé que el sujeto mantenía presionada toda la mano sobre el hombro descubierto de su hija, mientras que sólo había colocado la punta de sus dedos, sobre el hombro cubierto de su cónyuge, como quien la toca de compromiso.

¡Y pensar que días antes había colocado toda su mano sobre mi hombro!

Mientras le hice notar a mi amiga, sobre ese acto de la fotografía, aproveché para preguntarle:  ¿qué hacia ella con esa fotografía?, a lo que Claudia me respondió, que al día siguiente de esa fiesta, fue el cumpleaños de una de sus hijas, y que su hermano tuvo la gentileza de prestarle la cámara fotográfica para culminar el rollo, y que a su vez ella lo llevara a revelar, mantuviera sus fotografías, y le entregue las suyas; pero que estaba demorando aquella entrega para poder enseñármelas.

En las otras vistas, sólo se veía a varias personas sentadas o paradas en grupos, por las cuales no haré mayor comentario.

Las semanas transcurrían, y la actitud del sujeto se mantenía, lugar por donde la coincidencia nos hacía coincidir, eran notorios sus ademanes por acercarse a saludarme, y si no podía acercarse, trataba de mantenerse cerca. Cuando lograba acercarse, saludaba muy alegremente, preguntaba ¿cómo estás?, quedándose el mayor tiempo posible sin cruzar palabras, sólo mirándome, lo que algunas veces resultaba incomodo para mí.


6.   “Quisiera”

El día Jueves 25 de mayo del 2006 sucedió algo para enfatizar, asistí a una reunión en un local miraflorino, y como siempre el sujeto se acercó a saludar con un ademán de querer abrazarme, pero yo le extendí la mano, pero él con su otra mano tocó mi hombro, manteniéndolo durante más del tiempo del normal, tocándome prácticamente con sus dos manos, además de su penetrante mirada, fija hacia mis ojos, junto con su amplia sonrisa.


Durante toda la reunión, veía al sujeto dando vueltas alrededor de donde yo estaba parada, manteniendo su vista sobre mí. Un par de veces se acercó para mantenerse parado a mi lado, sin decir nada.

En el instante de despedirme, lo encontré ubicado en el marco de la puerta de salida, quizá porque estaba seguro que de todas maneras debía pasar por ahí, al hacerlo, el sujeto estiró su mano como si quisiera volver a tocar mi hombro, pero yo me alejé lo suficiente para que simplemente pudiera estrechar mi mano, la cual como de costumbre, parecía que no deseaba soltar.

Al regresar a mi hogar, busqué un poema que había empezado a escribir a principios de año, el cual describía mis sentimientos, que brotaban de manera espontanea, en la cual redactaba ¿cuál podría ser la razón por la que aun mantenía estirada la mano, y evitar saludarlo con un beso en la mejilla?.

Letras que se convirtieron en el poema “Quisiera”.



Es preciso recordar que, desde hacía varias semanas, su presencia en lo malecones miraflorinos fue más notoria, en especial en el parque Rabin, ubicado a dos cuadras de mi hogar, el cual frecuento desde que resido en el distrito de Miraflores.

El fin de semana, siguiente al del 25 de mayo, lo vi en el malecón cerca al gimnasio, donde yo solía realizar mis ejercicios, parecía que me esperaba, siempre con una amplia sonrisa, pero no estaba con ropa deportiva ni con zapatillas, por ello concluí que deseaba estar cerca a mí.


7.   Azul

El día 31 de mayo tenía el poema concluido, y unos inmensos deseos de enviarlo, pero existían demasiadas dudas, aunque aparentemente estaba viviendo solo, todavía continuaba casado. Por ello decidí emplear un correo electrónico con un seudónimo, usando mi color preferido, el Azul, remitiéndole aquel romántico poema titulado “Quisiera”, sin colocar algún rastro que me pudiera identificar.


Transcurrieron las semanas y el comportamiento del sujeto fue similar: acercarse, rondarme, mantenerse parado cerca a mí y sobre todo fijar su vista con una fuerte expresión en su mirada,  con la cual parecía que deseaba comunicarse, aunque a veces yo rompía el silencio conversando sobre cualquier tema.

Cuando lo encontraba en la calle, un poco alejado, y le parecía que le era imposible acercarse, trataba de llamar mi atención alzando uno o ambos de sus brazos, con el ademán de saludar, escuchando a lo lejos su voz diciendo : “hola, cómo estas”.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Una transmisión telepática

Una conexión de amor



8.   Una noche de primavera

Una hermosa y cálida noche de septiembre del 2006, el cielo estaba iluminado por una bella luna primaveral. Las circunstancias hicieron que volviera a encontrarme con el sujeto, en una velada, donde su actitud me volvió a sorprender, a pesar de estar acompañado de su esposa.


Fueron varias las veces que lo observé parado junto o cerca de mí, entablando una conversación con alguien que estuviera a mi lado, hablando con un tono de voz muy alto,  como para que lo escuche, y justo en el momento en que yo lo miraba, su respuesta era una amplia sonrisa junto con su penetrante mirada.


Hasta que llegó el momento, parece que el preciso para él, se acercó a mí, me extendió la mano, murmuró “que alegría me da verte”, y se quedó parado a mi lado, yo disimuladamente giré mi cuerpo, saludé a un conocido y me alejé, en esos momentos, yo ya estaba segura, el sujeto si tenía un interés por mí.

Antes de culminar la velada, sentí su mirada una última vez y lo vi alzando su copa como quien desea brindar conmigo . . . pero a lo lejos, optando por acercarse sigilosamente, en el camino hacía como que saludaba con una venia a las personas que estaban en la ruta, hasta llegar a mí y estrechar mi mano y decirme “espero verte pronto”.

Esos actos me motivaron a escribir muchas líneas sobre aquella actitud, pero a la vez siendo cuidadosa ante la posibilidad de ser un simple capricho masculino, porque sus actitudes eran visibles, pero sus palabras poco convincentes, y poco útiles para asegurar algún sentimiento.


9.   Curiosidad


El día 3 de octubre, le envié, igual con seudónimo, un poema que había iniciado en el mes de febrero, en el cual le relataba mis inquietudes sobre aquella actitud, titulado “Curiosidad”, pero reseñando que yo no estaba convencida, pero que igual me agradaban sus actos.

El día siguiente de dicho envío, asistí a una reunión en el hogar de un amigo, que reside cerca de mi casa, y en un momento no esperado apareció el sujeto.

Al ingresar, saludó de manera protocolar, pero a lo largo de la noche mantuvo sus ojos sobre mi, sonriéndome a lo lejos varias veces, hasta que se me acercó, y me dijo “qué bueno verte”, manteniéndose parado, pero ya sin pronunciar alguna palabra, momento algo incómodo pero superable. Segundos después me alejé de la zona, como quien deseaba saludar a un conocido.


10.   Una transmisión telepática


Fue en los instantes de la despedida, en que sucedió algo inexplicable. 

Yo había leído sobre las transmisiones telepáticas, que a veces creo tener con mis familiares directos, pero nunca me había sucedido con un extraño, y para mí ese sujeto, era un extraño.

Justo en el instante de la despedida, el sujeto me extendió la mano y con una inmensa sonrisa, escuché unas palabras muy claras, las cuales salían de alguna parte de su rostro, posiblemente desde su mente, porque no movía sus labios, lo que me pareció una transmisión telepática.


Poema Octubre

Las palabras que escuché fueron “tú me estas enviando los poemas”, yo me quede inmóvil, estaba escuchando una voz que no era mi voz, era “una voz”, la cual aparentemente fue una recepción mental , siempre manteniendo su amplia sonrisa.


Luego de escuchar el mensaje, y sobreponerme, traté de pensar en otra cosa, pues no sabía si el sujeto podía escucharme o leer mi mente, retirándose de aquella casa, sin dejar de mirarme, girando su rostro varias veces, manteniendo su sonrisa.

Al día siguiente, mi amigo Juan, me comunicó que había una reunión en la casa de una dama miraflorina, a la cual yo conocía, pero no éramos amigas, ella reside en la zona de San Antonio, por ello estaba un poco reacia a asistir, porque no había sido invitada directamente por la anfitriona, sin embargo debido a la insistencia de mi amigo, lo acompañé.

En dicha casa, me encontré con muchos miraflorinos, que conversaban sobre las futuras elecciones distritales, a los pocos minutos que ingresé, escuché llegar al sujeto, el cual empezó a saludar de una manera cordial y pasajera, estrechando su mano o inclinando el rostro, siendo nuestro encuentro protocolar, pero con la mirada sonriente, como si estuviera seguro que me iría a encontrar.



Un vecino miraflorino en el año 2005
Una fiesta de carnavales y Quisiera


Una transmisión telepática
El abrazo y el beso
Un ciclista
Decidido a divorciarse
Un amigo celestino y un hermano abogado
La confesión del ciclista
Una extraña sensación en mis orejas o una conexión de amor.
Codicia en vez de amor



domingo, 6 de noviembre de 2016

El abrazo y el beso

Una conexión de amor




11.   El abrazo y el beso.

Transcurría la velada, y casi todos los asistentes estábamos sentados conversando, hasta que la anfitriona invitó a pasar al jardín, para que nos sirviéramos, en ese momento se notó que la mayoría de personas se dirigieron apresuradamente hacia el jardín.

Yo me preparaba a hacer lo mismo, me levanté del sillón donde había estado durante toda la noche, y descubrí que la sala estaba prácticamente vacía, pero noté que el sujeto estaba en el otro extremo, conversando con otro caballero, cuando vi que mientras yo me paraba, el sujeto dejó de conversar con aquel caballero y se acercó a mí, realizando algo inimaginable.

Fueron instantes eternos, en cuestión de segundos, se detuvo delante mío, me miró fijamente, extendió su brazo izquierdo, me tomó por la espalda llevando mi cuerpo hacia el suyo, besando mi rostro intensamente, pronunciando “te amo”, luego de lo cual, me soltó muy suavemente y empezó a alejarse, pero esta vez sin sonreír.

Durante aquellos segundos yo permanecí inmóvil, manteniendo mis brazos a ambos lados de mi cuerpo, quedándome parada en medio de la sala, la cual en ese momento, si estaba vacía.

Transcurrieron varios minutos, y yo me volví a sentar en el confortable, pues no comprendí esa actitud, hasta que llegó mi amigo Juan (el que me invitó) con un vaso de gaseosa para mi, y me sugirió que nos acercáramos al jardín, yo le respondí que prefería mantenerme en la sala, la cual continuaba vacía.

Me mantuve sentada conversando con mi amigo Juan durante un largo rato, hasta que escuché que la gente empezaba a despedirse, a los pocos minutos, el sujeto volvió a acercarse, conversó un rato con nuestro amigo común, sin dejar de mirarme, despidiéndose de él con un apretón de manos, girando su cuerpo para volverme a abrazar, susurrándome al oído “gracias” y se retiró.

Habían transcurrido más de 15 minutos, cuando la mujer del sujeto se me acercó y frotó con su mano derecha mi brazo izquierdo, acto que hasta hoy no comprendo, luego se acercó a mi amigo y se despidió con el ademán de darle un beso en la mejilla. 

Lo que llamó mi atención, fue la diferencia entre el momento en que salió una y el otro, por eso pensé que quizá no se irían juntos, o que el sujeto estaría esperando afuera, pero era un hecho que continuaban juntos.


12.   Un momento de Amor

Entre octubre del 2006 hasta enero del 2007, lo volví a encontrar en algunas oportunidades, parecía que el sujeto sabía dónde estaría, porque en todas ellas también estaba nuestro amigo común, y/o yo había ido con él.

En esas ocasiones de manera disimulada, se acercaba a mí, extendía su brazo, tomaba mi espalda o mi hombro, llevándome sigilosamente hacia su pecho, besándome intensamente en la mejilla, sintiendo algo similar a un estallido en el momento de separarnos.

En los instantes de la separación, era recurrente escuchar un murmullo, el cual por la cantidad de veces que lo había pronunciado, ya las comprendí: “Te amo”, “Te quiero”, “Gracias por estar aquí”, y otras hermosas frases, que no son necesarias de publicar.

Fueron tantas las veces que escuché aquellas palabras, pronunciadas con tanta ternura, que a veces pensaba que estaban siendo transmitidas telepáticamente, porque como en ese instante estaba abrazándome, era imposible mirar sus labios.



Poema Amo


13.   Los encuentros en el malecón

Desde siempre frecuento los malecones barranquinos, miraflorinos y chorrillanos.

En la década de 1970 acostumbraba pasear en bicicleta, a cualquier hora durante los fines de semana, y muy temprano los días de semana, inclusive iba hasta el malecón miraflorino, donde está el bicicross del malecón de la Marina, a unos metros del parque Grau.

Ya residiendo en Miraflores, optaba por caminar, pasear en bicicleta, practicar gimnasia, jugar básquet y eventualmente correr.

Durante todo ese tiempo, nunca me había percatado de la presencia del sujeto, casi todos nuestros encuentros habían sido por las tardes o durante las noches, hasta que un día lo vi pedaleando una bicicleta por los malecones miraflorinos a las 6 am.

Parecía que la sorpresa era mutua, o quizá nuestro amigo común también se lo había comentado.

El sujeto, a quien a partir de ahora nombraré “el ciclista”, circulaba con casco, anteojos y una amplia casada que cubría su cuerpo, siempre iba a mucha velocidad, con relación a mi manera de pedalear, quizá por ello nunca lo había reconocido, a esa hora, hay al menos otros 300 ciclistas, con similares características, y a la misma velocidad, circulando por los malecones, además que muchas veces está oscuro o hay neblina.

Desde aquella vez, observé que constantemente pedaleaba con un par de amigos, a veces uno, otras veces otro, y eventualmente sólo, pero ahora parecía que pedaleaba a mi velocidad.

No lo veía a diario, parecía no tener alguna rutina, podía verlo venir o irse, pedalear por la vereda o por la pista.

Cuando yo realizaba ejercicios en el parque Rabin, no era posible saber si transitaba por la zona, hasta que una mañana lo vi descender por la pendiente, construida a finales del año 2006.

Durante todos los meses del verano del 2007, sólo hubo contacto visual y muchas sonrisas.

Hasta que el ciclista modificó su comportamiento, empezó a acercarse y disminuir la velocidad de pedaleo, para circular casi a mi mismo nivel, escuchando algunas palabras pero con un tono muy bajo, casi como susurrando.

Cuando yo pedaleaba por la vereda o por la pista, el trataba de darme el alcance y se trasladaba de la vereda a la pista, o viceversa; otras veces, cuando me veía venir en sentido contrario, acercaba su bicicleta hacia mi camino, lo cual obligaba a moverme hacia la derecha, pero en esos momentos escuchaba decir algunas palabras distintas como: “detente, para, espera”, pero nunca le hice caso.

Cuando parecía que sus deseos de hablarme llegaban a un límite, imaginó que la única manera que yo me detenga, era haciéndolo el previamente, moviendo luego sus manos hacia abajo y, pero: ¿Para qué me detenía?, para hablarme sobre él, realizar alguna pregunta genérica y decirme, “Deseaba verte más cerca”, y siempre con una amplia sonrisa, pero otras veces murmuraba palabras incomprensivas, que salían de alguna parte de su mente.

Algunos hechos que llamaron mi atención, era que cuando algunas veces yo pedaleaba por la pista, justo el también lo hacía en sentido contrario, y también sobre la pista. Otras veces en que yo estaba en la vereda, lo encontraba pedaleando por la vereda. Las coincidencias sobre la ruta muchas veces lo delineaban las circunstancias.


Un vecino miraflorino en el año 2005
Una fiesta de carnavales y Quisiera


Una transmisión telepática
El abrazo y el beso
Un ciclista
Decidido a divorciarse
Un amigo celestino y un hermano abogado
La confesión del ciclista
Una extraña sensación en mis orejas o una conexión de amor.
Codicia en vez de amor




miércoles, 26 de octubre de 2016

Un ciclista

Una conexión de amor



14.   Una anciana dama

En mi vida diaria, acostumbro interactuar con muchas personas, entre ellos a una señora, contemporánea, que reside por la zona de Santa Cruz, a quien nombraré Carmen.

Ella acostumbraba pasear por los malecones al amanecer y al atardecer, con un hermoso perro de color negro, bautizado Black.

Una tarde me comentó, que una anciana miraflorina, le había invitado a tomar el té, y que también yo estaba invitada, palabras que me sorprendieron, pero que acepté, porque me agrada conocer a nuevas personas.

Al llegar a la casa de la anciana, a quien nombraré Ana, ubicada a la espalda del malecón miraflorino, ésta nos recibió con una actitud muy amable.

Apenas ingresamos a la sala, solicitó a su empleada, con mucho respeto, que nos sirva una taza de té y algunas galletas, y sin más preámbulo ni presentación, empezó a hablar.

Empezó su relato, comentando que siempre había vivido en Miraflores, que durante el tiempo del colegio, se hizo muy amiga de una adolescente que residía en el distrito de San Isidro, era prácticamente la más bajita del salón, pero muy agradable; la casualidad fue mayor, cuando casi por la misma fecha, ambas decidieron casarse, con militares de distintas escuelas, resolviendo hacerlo en la misma iglesia.

También compartieron la misma modista que les confeccionó el vestido, e inclusive en algunas oportunidades repartieron juntas sus invitaciones, lo cual fortaleció su amistad, pero que lamentablemente ella se casó unos días antes que su amiga, y que le fue imposible asistir al matrimonio.

Mientras bebíamos el té, Ana continuó hablando sobre su vida, sobre todo por las coincidencias. Relató que ambas tuvieron cuatro hijos, dos varones y dos damas, pero no en el mismo orden, las casualidades siguieron cuando a sus esposos los destacaron a la misma ciudad, pero por razones de salud de uno de sus hijos, ella debió regresar a Miraflores. Algunos años después, el esposo de la anciana Ana dejó las fuerzas armadas y se estableció de manera permanente en la casa paterna de ella, en la cual reside hasta hoy.

Mientras el marido de su amiga continuaba en su carrera en las fuerzas armadas, la esposa decidió que los niños no deberían continuar viajando por toda la patria, y decidió establecerse en una zona segura, también optó por regresar a su casa paterna, en San Isidro, mientras que el esposo estaba destacado en provincias.

Ello motivó que ambas familias se re encuentren más a menudo, inclusive pasaban unos días en la casa de la playa de los padres de Ana, en un balneario de las playas del sur, lo cual originó que los niños se traten como familia, algo así como primos y ellas eran las tías.


15.   El ciclista

Al culminar mi taza de té, yo ya pensaba despedirme, pero la anciana Ana, realizó el siguiente comentario: uno de sus sobrinos putativos, acostumbra pasear en bicicleta muy temprano por las mañanas por el malecón miraflorino, y a veces viene a visitarme, para salir juntos a caminar y conversar, al nombrar al ciclista, decidí mantenerme sentada.

Mi amiga Carmen, quien yo supongo, ignoraba lo de los abrazos y los poemas, intervino asegurando que ambos éramos amigos, acotando “ellos pasean juntos por las mañanas”. Ante esa declaración, la anciana Ana se sonrió, como si ya lo supiera, porque no puso cara de sorprendida, y continuo con su relato.

Comentó que siempre supo que su amiga del colegio tenía sólo 4 hijos, cuando de pronto, apareció un quinto hermano, el cual se vio envuelto en algunos problemas judiciales, posiblemente era uno de los hermanos por parte de padre, ella (Ana), conocía que ya existían dos hijas fuera del matrimonio, nacidas mientras el marido militar de su amiga,  estaba destacado en una provincia al norte del país, pero nunca había escuchado de un tercer hermano varón.

Esa conversación me sorprendió, por ello opté por aceptar otra taza de té, porque eso no era todo, existía otra historia relacionada con el ciclista.

Ana recordó que en la época escolar, su amiga había tenido un enamorado español, quien también residía en el distrito de San Isidro, cuyo padre pertenecía al cuerpo diplomático, ambos fueron enamorados durante varios años, pero debido a que el diplomático fue trasladado a otro país, el joven debió dejar el Perú. La pareja continuó escribiéndose, pero  a los pocos meses se terminó la relación; a la amiga se le empezó a ver con el militar, con el cual se casó unos años después.

En el año 1950, cerca de la navidad, la madre del ciclista le comentó a su amiga (Ana), que había vuelto a encontrarse con su ex enamorado, el español, quien estaba de vacaciones en Lima. Por ese tiempo, su marido estaba destacado a la ciudad de Tumbes, regresando a su hogar sólo durante los días festivos. Eran fuertes los rumores que el cónyuge de su amiga, ya había formado otra familia, con la cual tenía una hija y la otra dama estaba esperando a la segunda (las dos hijas que Ana conocía).

Quizá los hechos comentados por la madre del ciclista a Ana, en especial la infidelidad, fue un pretexto para otra infidelidad, por lo cual la anciana Ana se sentía culpable y cómplice, pues ella aceptó quedarse con los tres hijos mayores de su amiga, mientras ella se veía con el español.

Mi amiga Carmen, parecía conocer esa historia, pues ni se inmutaba, mientas yo deseaba continuar escuchándola. Ana relató que a las semanas, la mamá del ciclista se enteró que estaba embarazada del español, y estaba segura que era ciclista.

Poema Poesía




16.   Un viaje a España

Mientras Ana le solicitaba a la empleada que nos sirviera más té, continuó hablando, diciendo que parecía que el marido de su amiga ignoraba sobre aquella relación, hasta que el niño cumplió 5 años, momento en que su amiga se lo confesó, de lo cual parece fue perdonada, pues a esa fecha, ella ya conocía las dos hijas de su marido fuera del matrimonio, y que era un hecho, que él tenía una vida paralela con una dama en la ciudad de Tumbes.

En ese momento de la conversación, mi amiga Carmen tenía que retirarse, era la hora de la medicina de su esposo, quien estaba recién operado por una grave enfermedad, pero la anciana Ana, insistía continuar hablando, y simplemente continúo.

La mamá del ciclista, convenció de alguna manera a su marido, que ella necesitaba visitar al ciudadano español, quien residía en la ciudad de Madrid, con la finalidad de relatarle la verdad.

Durante las vacaciones escolares, madre y niño, viajaron a Madrid, quedando la anciana Ana, encargada de visitar regularmente a los sobrinos putativos que quedaron en Lima, quien a pesar de haberse quedado con el padre, él a veces debía ausentarse, por cumplir su trabajo en provincias, o quizá visitar a sus otras hijas.

Ya en España, la madre del ciclista, descubrió que su ex enamorado se había casado hacía varios años, por ello, ambos se encontraron en un parque madrileño, donde el español conoció a su hijo (al ciclista).

En la conversación/discusión, ella se sorprendió escuchar que el español no tenia intensión de decírselo a su compañera, que lo mejor era que cada uno continúe con su vida, y no volverse a ver nunca más, sobre todo porque el niño ya tenía un apellido, y todo debería quedar así.

Pero esas palabras  también fueron escuchadas por el niño, quien en una oportunidad le comentó a Ana, tener en su mente el rostro del ciudadano español, que también era su padre, algo confuso en ese momento para él, pues aparentemente tenía dos padres, uno en España y otro en el Perú, pero recordaba con tristeza haberlo escuchado, que “no deseaba volverlo a ver”, por eso necesitó visitar al psicólogo durante varios años.

Yo continuaba escuchando, sin hablar y pensando que por la edad de la anciana, era posible que inventara parte o toda la historia, pero al pensar sobre la apariencia física, del ciclista con sus hermanos, era fuerte la posibilidad que esa historia si fuese verdadera.

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