miércoles, 26 de octubre de 2016

Un ciclista

Una conexión de amor



14.   Una anciana dama

En mi vida diaria, acostumbro interactuar con muchas personas, entre ellos a una señora, contemporánea, que reside por la zona de Santa Cruz, a quien nombraré Carmen.

Ella acostumbraba pasear por los malecones al amanecer y al atardecer, con un hermoso perro de color negro, bautizado Black.

Una tarde me comentó, que una anciana miraflorina, le había invitado a tomar el té, y que también yo estaba invitada, palabras que me sorprendieron, pero que acepté, porque me agrada conocer a nuevas personas.

Al llegar a la casa de la anciana, a quien nombraré Ana, ubicada a la espalda del malecón miraflorino, ésta nos recibió con una actitud muy amable.

Apenas ingresamos a la sala, solicitó a su empleada, con mucho respeto, que nos sirva una taza de té y algunas galletas, y sin más preámbulo ni presentación, empezó a hablar.

Empezó su relato, comentando que siempre había vivido en Miraflores, que durante el tiempo del colegio, se hizo muy amiga de una adolescente que residía en el distrito de San Isidro, era prácticamente la más bajita del salón, pero muy agradable; la casualidad fue mayor, cuando casi por la misma fecha, ambas decidieron casarse, con militares de distintas escuelas, resolviendo hacerlo en la misma iglesia.

También compartieron la misma modista que les confeccionó el vestido, e inclusive en algunas oportunidades repartieron juntas sus invitaciones, lo cual fortaleció su amistad, pero que lamentablemente ella se casó unos días antes que su amiga, y que le fue imposible asistir al matrimonio.

Mientras bebíamos el té, Ana continuó hablando sobre su vida, sobre todo por las coincidencias. Relató que ambas tuvieron cuatro hijos, dos varones y dos damas, pero no en el mismo orden, las casualidades siguieron cuando a sus esposos los destacaron a la misma ciudad, pero por razones de salud de uno de sus hijos, ella debió regresar a Miraflores. Algunos años después, el esposo de la anciana Ana dejó las fuerzas armadas y se estableció de manera permanente en la casa paterna de ella, en la cual reside hasta hoy.

Mientras el marido de su amiga continuaba en su carrera en las fuerzas armadas, la esposa decidió que los niños no deberían continuar viajando por toda la patria, y decidió establecerse en una zona segura, también optó por regresar a su casa paterna, en San Isidro, mientras que el esposo estaba destacado en provincias.

Ello motivó que ambas familias se re encuentren más a menudo, inclusive pasaban unos días en la casa de la playa de los padres de Ana, en un balneario de las playas del sur, lo cual originó que los niños se traten como familia, algo así como primos y ellas eran las tías.


15.   El ciclista

Al culminar mi taza de té, yo ya pensaba despedirme, pero la anciana Ana, realizó el siguiente comentario: uno de sus sobrinos putativos, acostumbra pasear en bicicleta muy temprano por las mañanas por el malecón miraflorino, y a veces viene a visitarme, para salir juntos a caminar y conversar, al nombrar al ciclista, decidí mantenerme sentada.

Mi amiga Carmen, quien yo supongo, ignoraba lo de los abrazos y los poemas, intervino asegurando que ambos éramos amigos, acotando “ellos pasean juntos por las mañanas”. Ante esa declaración, la anciana Ana se sonrió, como si ya lo supiera, porque no puso cara de sorprendida, y continuo con su relato.

Comentó que siempre supo que su amiga del colegio tenía sólo 4 hijos, cuando de pronto, apareció un quinto hermano, el cual se vio envuelto en algunos problemas judiciales, posiblemente era uno de los hermanos por parte de padre, ella (Ana), conocía que ya existían dos hijas fuera del matrimonio, nacidas mientras el marido militar de su amiga,  estaba destacado en una provincia al norte del país, pero nunca había escuchado de un tercer hermano varón.

Esa conversación me sorprendió, por ello opté por aceptar otra taza de té, porque eso no era todo, existía otra historia relacionada con el ciclista.

Ana recordó que en la época escolar, su amiga había tenido un enamorado español, quien también residía en el distrito de San Isidro, cuyo padre pertenecía al cuerpo diplomático, ambos fueron enamorados durante varios años, pero debido a que el diplomático fue trasladado a otro país, el joven debió dejar el Perú. La pareja continuó escribiéndose, pero  a los pocos meses se terminó la relación; a la amiga se le empezó a ver con el militar, con el cual se casó unos años después.

En el año 1950, cerca de la navidad, la madre del ciclista le comentó a su amiga (Ana), que había vuelto a encontrarse con su ex enamorado, el español, quien estaba de vacaciones en Lima. Por ese tiempo, su marido estaba destacado a la ciudad de Tumbes, regresando a su hogar sólo durante los días festivos. Eran fuertes los rumores que el cónyuge de su amiga, ya había formado otra familia, con la cual tenía una hija y la otra dama estaba esperando a la segunda (las dos hijas que Ana conocía).

Quizá los hechos comentados por la madre del ciclista a Ana, en especial la infidelidad, fue un pretexto para otra infidelidad, por lo cual la anciana Ana se sentía culpable y cómplice, pues ella aceptó quedarse con los tres hijos mayores de su amiga, mientras ella se veía con el español.

Mi amiga Carmen, parecía conocer esa historia, pues ni se inmutaba, mientas yo deseaba continuar escuchándola. Ana relató que a las semanas, la mamá del ciclista se enteró que estaba embarazada del español, y estaba segura que era ciclista.

Poema Poesía




16.   Un viaje a España

Mientras Ana le solicitaba a la empleada que nos sirviera más té, continuó hablando, diciendo que parecía que el marido de su amiga ignoraba sobre aquella relación, hasta que el niño cumplió 5 años, momento en que su amiga se lo confesó, de lo cual parece fue perdonada, pues a esa fecha, ella ya conocía las dos hijas de su marido fuera del matrimonio, y que era un hecho, que él tenía una vida paralela con una dama en la ciudad de Tumbes.

En ese momento de la conversación, mi amiga Carmen tenía que retirarse, era la hora de la medicina de su esposo, quien estaba recién operado por una grave enfermedad, pero la anciana Ana, insistía continuar hablando, y simplemente continúo.

La mamá del ciclista, convenció de alguna manera a su marido, que ella necesitaba visitar al ciudadano español, quien residía en la ciudad de Madrid, con la finalidad de relatarle la verdad.

Durante las vacaciones escolares, madre y niño, viajaron a Madrid, quedando la anciana Ana, encargada de visitar regularmente a los sobrinos putativos que quedaron en Lima, quien a pesar de haberse quedado con el padre, él a veces debía ausentarse, por cumplir su trabajo en provincias, o quizá visitar a sus otras hijas.

Ya en España, la madre del ciclista, descubrió que su ex enamorado se había casado hacía varios años, por ello, ambos se encontraron en un parque madrileño, donde el español conoció a su hijo (al ciclista).

En la conversación/discusión, ella se sorprendió escuchar que el español no tenia intensión de decírselo a su compañera, que lo mejor era que cada uno continúe con su vida, y no volverse a ver nunca más, sobre todo porque el niño ya tenía un apellido, y todo debería quedar así.

Pero esas palabras  también fueron escuchadas por el niño, quien en una oportunidad le comentó a Ana, tener en su mente el rostro del ciudadano español, que también era su padre, algo confuso en ese momento para él, pues aparentemente tenía dos padres, uno en España y otro en el Perú, pero recordaba con tristeza haberlo escuchado, que “no deseaba volverlo a ver”, por eso necesitó visitar al psicólogo durante varios años.

Yo continuaba escuchando, sin hablar y pensando que por la edad de la anciana, era posible que inventara parte o toda la historia, pero al pensar sobre la apariencia física, del ciclista con sus hermanos, era fuerte la posibilidad que esa historia si fuese verdadera.

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