miércoles, 21 de diciembre de 2016

"Retórica" poema de Fatima Rodriguez Serra





  • Para escribir un poema de amor yo me inspiro en lo que vivo, lo que veo y lo que invento.
  • Luego redacto una historia, con una introducción, una idea central, la cual debe transmitir ese mensaje de afecto, culminando con un final. 
  • Con la ayuda del diccionario que define los vocablos coloco la rima consonante.
  • Empleando el glosario de sinónimos e ideas afines. reviso la métrica. Incluyo algunas figuras literarias, para enriquecer el texto. 
  • Reviso la fluidez expresiva, para que no se repitan los sustantivos, adjetivos y verbos, a menos que sea necesario. 
  • Y por revisar tantos libros y documentos, decidí escribir un homenaje a la "Retórica"





 "Retórica"  publicado en mi poema "Retórica", 2009.


El día viernes 17 de octubre del año 2008, fui invitada por las autoridades de la Universidad ESAN, para participar en el homenaje por el 10 aniversario de la desaparición del Dr. Enrique Valdez.
En dicho homenaje recité dos de mis poemas Arboles y Retórica.
"Retórica" es el arte del bien decir, y gracias a los sabios consejos recibidos por el Dr. Valdez, descubrí que hablar con propiedad, nos abre muchas más puertas.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Un vecino miraflorino en el año 2005

Una conexión de amor
Esta es una historia real cuyos protagonistas no serán identificados, pero todo el relato lo haré en primera persona.

Durante la narración, quizá algunos de los protagonistas puedan ser reconocidos, pero como no incluyo nombres, ninguno podrá reclamar por ser parte de estos escritos.


1.   Un vecino miraflorino en el año 2005

A principios del año 2005, y por razones de seguridad, la comuna miraflorina había repartido, junto con la cartilla de pago de arbitrios, una calcomanía con el número de la zona a la cual correspondía el predio. La zona donde resido es la número 3.

En ese año, en la cuadra 11 de la calle José Gálvez, a la altura del malecón Cisneros, residía una amiga, a quien nombraré Claudia, a la cual yo acostumbraba visitar durante las tardes de verano.

Debido al calor del verano, solíamos conversar en el jardín exterior, el cual tenía un pequeño muro de casi un metro de alto, adornado con muchas plantas, pero a pesar de ellas, se podía mirar a los pocos que transitan por esa solitaria calle.



Una noche, alrededor de las 9 de la noche, llamó mi atención ver ingresar a la playa de estacionamiento, ubicada justo al frente de la casa de mi amiga Claudia, a una camioneta de color negra, usando una calcomanía con el número 14, la que corresponde a la zona de la urbanización Aurora, en Miraflores, cuyo conductor nos saludó con mucha amabilidad.

Dicho estacionamiento, forma parte de la zona de ingreso del edificio ubicado en el malecón Cisneros, justo al frente del otrora centro Promotor del Terrazas.

No era la primera vez que veía a dicho vehículo, fue la primera vez que hablamos del tema con mi amiga Claudia, quien me dijo que, ella solía ver al conductor y al vehículo casi todos los días, a la hora en que ella sacaba la basura, minutos antes de iniciar su novela favorita; pero que también lo veía por las mañanas, alrededor de las 7.20 a.m., hora que llegaba la movilidad escolar de su hija, pero se percató que a veces el que manejaba era otra persona, quizá un amigo o un chofer.

Claudia, me comentó que conocía al sujeto, porque era compañero de estudios de su hermano, ambos se habían graduado en la Universidad de Ingeniería, en la carrera de Ingeniería Económica, y curiosamente vivían muy cerca uno al otro, en la urbanización Aurora en Miraflores, por ello le llamaba la atención verlo ingresar desde hacía bastante tiempo, y salir siempre solo, desde dicho estacionamiento; ella sabía que el hombre era casado.

Claudia me comentó, que algunas veces lo había visto en el hogar de su hermano, quien acostumbraba reunir a sus amigos de la universidad, para entretenerse con juegos de mesa, como el dominó.


2.   Una presencia en mi camino

Fue a partir del mes de mayo del año 2005, que, por diversas razones yo debía recurrir a una entidad pública donde la coincidencia hacia encontrarme con aquel vecino, a quien a partir de ahora llamaré el sujeto.

Yo nunca había reparado en su existencia, fue la calcomanía número 14 y su repentino saludo, los que llamaron mi atención, y como le dije alguna vez a mi amiga Claudia, “para mí era un poste más”, pero fue a raíz de esa situación, en que empecé a notar un extraño comportamiento del sujeto hacia mí.

En el otoño del año 2005, comencé a verlo caminar por los malecones miraflorinos, lugares por donde yo acostumbro pasear, al principio pensé que, quizá como era nuevo en la zona, le agradaba disfrutar del paisaje, hasta que empezamos a coincidir los domingos a las 11 de la mañana, en el parque Rabin, a la altura del gimnasio.

Mientras yo realizaba mis ejercicios en las barras metálicas, del único gimnasio en todo el distrito de Miraflores que está ubicado sobre tierra (aunque últimamente le han colocado pequeñas piedritas), empecé a notar que el sujeto hacía gestos raros y me miraba, pues de improviso empezó a saludarme, con una amplia sonrisa.

Ese comportamiento en la vía pública se repitió en diversos momentos también en locales cerrados, donde coincidimos, pero ello era más notorio, pues mientras yo ingresaba al salón de algún local, el empezaba a alejarse del grupo donde se encontraba y/o del lugar donde estaba parado, para acercarse a saludarme; yo optaba por extenderle la mano, la cual es mi manera de saludar a las personas que no son mis familiares ni amigos.

En una celebración navideña, nuevamente coincidimos, quizá por tener algunos amigos comunes, cuando de pronto se acercó al grupo en el cual estaba el anfitrión, quien era el dueño de la casa, saludándome disimuladamente con una venia, pero rápidamente me extendió la mano, quedándose a mi lado por un largo rato, pero sin cruzar palabra.

Mientras otros miembros del grupo estaban hablando sobre temas genéricos, el giraba su rostro hacia mí constantemente, actos que ignoré, pero que me confundía. Para romper el silencio, le realicé un comentario sobre uno de los cuadros ubicados en una de las paredes del salón, respondiéndome con una sonrisa que ya los había visto, luego de lo cual, y de manera disimulada, me alejé, como para ver de cerca al cuadro.




Poema Visiones


3.   Verano del 2006.

Un primer hecho del cual el sujeto fue protagonista, se presentó los primeros días del mes de enero del 2006, una noche en la que yo estaba realizando una exposición colectiva de algunos de mis obras de Arte Óptico, en una galería miraflorina.

En medio de la exhibición, el sujeto se acercó a felicitarme y a preguntarme sobre la técnica utilizada en mis obras, yo le mencioné que era un homenaje a las Matemáticas y a la Geometría, que el trazado de las líneas sobre el plano cartesiano, me era muy útil para realizar cada dibujo.

Luego de escucharme, realizó diversos comentarios sobre la variedad de las figuras geométricas que se observaban en una y otra pintura, cuando se le observa desde distintos lugares y distancias.

Al preguntarme si había estudiado Arte, le comenté que los libros fueron mis profesores, que yo había estudiado Economía, y que la pintura era uno de mis pasatiempos.

Fue en ese instante en que un amigo común, a quien nombraré Juan, ingresó a la Sala de Exposiciones, y ante su presencia, el sujeto se dirigió a él, y le dijo en voz alta “Es Economista”, lo cual me llevó a pensar que ambos ya habían conversado sobre mí, ambos se saludaron con un apretón de manos, en momentos en que otro de mis invitados se acercaba a saludarme.

El resto de la noche no lo vi, pero a la hora de retirarme, estaba parado en la puerta de ingreso de la galería, conversando con mi amigo Juan, despidiéndose justo en ese instante de aquel y luego de mi, con un apretón de manos, y como siempre con una amplia sonrisa.






Un vecino miraflorino en el año 2005
Una fiesta de carnavales y Quisiera


Una transmisión telepática
El abrazo y el beso
Un ciclista
Decidido a divorciarse
Un amigo celestino y un hermano abogado
La confesión del ciclista
Una extraña sensación en mis orejas o una conexión de amor.
Codicia en vez de amor



martes, 6 de diciembre de 2016

Una fiesta de carnavales y Quisiera

Una conexión de amor


4.   Una fiesta de carnavales

Otro acto curioso, sucedió a finales del mes de febrero del año 2006, aquella noche de verano se celebraba una fiesta de carnavales en un conocido local miraflorino. En un instante me percaté que el sujeto se acercaba a la mesa donde yo me encontraba con un familiar y otras amistades.

Como mujer, se que la vestimenta también habla, por ejemplo unos hombros descubiertos son una invitación a tocarlos, lo que no debería suceder cuando están cubiertos, sin embargo, dicho día mi experiencia fue distinta. 

El sujeto, quien había ingresado al local con su mujer, se acercó a nuestra mesa sin compañía, iniciando su saludo con un apretón de manos a cada uno que estaba sentado alrededor de ella, sean damas o caballeros.

Al llegar a mi silla, yo debía moverme porque me encontraba justo de espaldas a él, sintiendo que el sujeto empezó a acariciar mi hombro, colocó toda su mano sobre mi hombro y la mantuvo ahí hasta que yo opté por devolverle el saludo, con una palmada con mi mano derecha sobre su mano que continuaba sobre mi hombro, lo curioso fue que el sujeto, utilizó su mano izquierda para acariciar mi mano, las cuales demoró en retirar, para continuar saludando a los otros invitados con un apretón de manos. 

Mientras se retiraba, lucía una amplia sonrisa.

En el transcurso de la fiesta, varias veces lo noté caminando cerca a nuestra mesa o buscando mi mirada, la cual la sentía por una fuerte sensación en el ambiente.


5.   Una extraña fotografía 

A los pocos días de esa fiesta, mi amiga Claudia, aquella que reside en la calle José Gálvez, me comentó que su hermano estuvo con el sujeto, en una fiesta en su casa de playa (no entendí en la casa de playa de cuál de los dos), y que se tomaron varias fotografías, en una de ellas se aprecia al sujeto parado en medio de dos damas que estaban sentadas, las que resultaron ser la consorte y una de sus hijas.

Como hija de fotógrafo, se reconocer el lenguaje de una fotografía, y en esta observé que el sujeto mantenía presionada toda la mano sobre el hombro descubierto de su hija, mientras que sólo había colocado la punta de sus dedos, sobre el hombro cubierto de su cónyuge, como quien la toca de compromiso.

¡Y pensar que días antes había colocado toda su mano sobre mi hombro!

Mientras le hice notar a mi amiga, sobre ese acto de la fotografía, aproveché para preguntarle:  ¿qué hacia ella con esa fotografía?, a lo que Claudia me respondió, que al día siguiente de esa fiesta, fue el cumpleaños de una de sus hijas, y que su hermano tuvo la gentileza de prestarle la cámara fotográfica para culminar el rollo, y que a su vez ella lo llevara a revelar, mantuviera sus fotografías, y le entregue las suyas; pero que estaba demorando aquella entrega para poder enseñármelas.

En las otras vistas, sólo se veía a varias personas sentadas o paradas en grupos, por las cuales no haré mayor comentario.

Las semanas transcurrían, y la actitud del sujeto se mantenía, lugar por donde la coincidencia nos hacía coincidir, eran notorios sus ademanes por acercarse a saludarme, y si no podía acercarse, trataba de mantenerse cerca. Cuando lograba acercarse, saludaba muy alegremente, preguntaba ¿cómo estás?, quedándose el mayor tiempo posible sin cruzar palabras, sólo mirándome, lo que algunas veces resultaba incomodo para mí.


6.   “Quisiera”

El día Jueves 25 de mayo del 2006 sucedió algo para enfatizar, asistí a una reunión en un local miraflorino, y como siempre el sujeto se acercó a saludar con un ademán de querer abrazarme, pero yo le extendí la mano, pero él con su otra mano tocó mi hombro, manteniéndolo durante más del tiempo del normal, tocándome prácticamente con sus dos manos, además de su penetrante mirada, fija hacia mis ojos, junto con su amplia sonrisa.


Durante toda la reunión, veía al sujeto dando vueltas alrededor de donde yo estaba parada, manteniendo su vista sobre mí. Un par de veces se acercó para mantenerse parado a mi lado, sin decir nada.

En el instante de despedirme, lo encontré ubicado en el marco de la puerta de salida, quizá porque estaba seguro que de todas maneras debía pasar por ahí, al hacerlo, el sujeto estiró su mano como si quisiera volver a tocar mi hombro, pero yo me alejé lo suficiente para que simplemente pudiera estrechar mi mano, la cual como de costumbre, parecía que no deseaba soltar.

Al regresar a mi hogar, busqué un poema que había empezado a escribir a principios de año, el cual describía mis sentimientos, que brotaban de manera espontanea, en la cual redactaba ¿cuál podría ser la razón por la que aun mantenía estirada la mano, y evitar saludarlo con un beso en la mejilla?.

Letras que se convirtieron en el poema “Quisiera”.



Es preciso recordar que, desde hacía varias semanas, su presencia en lo malecones miraflorinos fue más notoria, en especial en el parque Rabin, ubicado a dos cuadras de mi hogar, el cual frecuento desde que resido en el distrito de Miraflores.

El fin de semana, siguiente al del 25 de mayo, lo vi en el malecón cerca al gimnasio, donde yo solía realizar mis ejercicios, parecía que me esperaba, siempre con una amplia sonrisa, pero no estaba con ropa deportiva ni con zapatillas, por ello concluí que deseaba estar cerca a mí.


7.   Azul

El día 31 de mayo tenía el poema concluido, y unos inmensos deseos de enviarlo, pero existían demasiadas dudas, aunque aparentemente estaba viviendo solo, todavía continuaba casado. Por ello decidí emplear un correo electrónico con un seudónimo, usando mi color preferido, el Azul, remitiéndole aquel romántico poema titulado “Quisiera”, sin colocar algún rastro que me pudiera identificar.


Transcurrieron las semanas y el comportamiento del sujeto fue similar: acercarse, rondarme, mantenerse parado cerca a mí y sobre todo fijar su vista con una fuerte expresión en su mirada,  con la cual parecía que deseaba comunicarse, aunque a veces yo rompía el silencio conversando sobre cualquier tema.

Cuando lo encontraba en la calle, un poco alejado, y le parecía que le era imposible acercarse, trataba de llamar mi atención alzando uno o ambos de sus brazos, con el ademán de saludar, escuchando a lo lejos su voz diciendo : “hola, cómo estas”.


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