viernes, 16 de septiembre de 2016

Un amigo celestino y un hermano abogado

Una conexión de amor


20.   El amigo Celestino
  
Transcurrieron las semanas y los encuentros ciclísticos prácticamente disminuyeron, quizá porque yo decidí modificar mi ruta, pedaleando hacia Barranco y Chorrillos, o hacia San Isidro, pero no me había percatado que uno de sus acompañantes, era también un corredor que solía hacerlo por aquellos distritos, el cual obviamente me vio por esos distritos.

Pareciera que las coincidencias eran cosa de todos los días. Yo pedaleaba por la pista de una escondida calle Miraflorina, y lo venia venir en sentido contrario. Yo estaba mirando las construcciones de la zona antigua del distrito, y aparecía por la misma calle: Pedaleaba por la pista del malecón, cosa que casi nunca hacía, y el ciclista se aparecía en sentido contrario.

Una mañana de mayo, yo estaba paseando por el distrito de Barranco, cuando descubrí al ciclista y a sus dos amigos acercándose en sentido contrario, murmurando sus repetitivas palabras de amor, pero con un elevado tono de su voz, quizá porque esa zona del malecón barranquino prácticamente está vacía, pero para mí el efecto ya no era el mismo, la distancia y el tiempo no son buenos compañeros del amor.

Por esos mismos días, el teléfono de mi casa empezó a timbrar, a cualquier hora del día, aunque el identificador de llamadas mostraba a un numero oculto o desconocido, al responder sólo escuchaba un rápido respiro al otro lado de la línea, manteniéndose durante varios segundos callado, ante ese silencio yo colgaba el teléfono.

Los meses transcurrieron, y en el mes de octubre del 2007, decidí que ya no tenía sentido verlo, además había conocido a un hombre muy interesante.

Yo ya había decidido alejarme del ciclista, luego de haber transcurrido un año sin asegurarme que vendría a mi vida, opté por practicar deporte durante las noches, hasta que una mañana alrededor de las 6:30 am lo vi pedalear por la pista de mi calle, haciéndolo muy despacio cuando estaba prácticamente sobre mi acera.



Fueron varias las veces que aparecía pedaleando, y hacia como que se le malograba su bicicleta justo a unos metros antes o después de mi hogar, y levantaba la vista, como si deseara verme aparecer por la ventana.

Todas las veces pedaleaba acompañado, con uno o sus dos amigos, e inclusive, una vez lo vi que se dio una vuelta en sentido contrario, y empezó a mirar hacia la ventana de mi dormitorio, yo estaba con la cortina cerrada, pero igual pude apreciar esa actitud.

Lo censurable de esta parte de la historia, es el actuar del amigo celestino, quien apañó durante múltiples ocasiones el actuar del ciclista, obviamente, es un ser en el cual no se podía confiar, porque no debió prestarse para que el ciclista traicione a la esposa.


Poema Decente


21.   Días antes de la navidad del 2007.

Mi amiga Carmen, la que vive en la Urb. Santa Cruz, me comunicó que la anciana nos había invitado para celebrar la navidad. Como en otras oportunidades, yo había rehusado en asistir, porque ya no tenía sentido escuchar a la dama hablar solamente sobre el ciclista, ante la insistencia de mi amiga Carmen, acepté.

Al llegar a la residencia de la anciana, me agradó verla muy bien arreglada, con hermosos adornos de cristal colgados en un árbol de color blanco de casi dos metros de altura, parecía que quien lo había arreglado, lo había hecho con mucho cariño, además la belleza de los adornos, junto a las luces de brillantes colores.

Luego de invitarnos una taza de chocolate caliente con un generoso pedazo de panetón, que según la anciana, fue confeccionado por ella misma, empezó relatando la receta, y no sé en qué momento recomenzó a hablar sobre su vida.

Me confesó que yo me parecía mucho a una de sus hijas, la que residía en Suiza, la cual eventualmente regresaba al Perú, cuando lo hacía era sólo para pasar la navidad, a diferencia de sus otros tres hijos, que siempre la visitaban, y que por ello exhortó que fuera a visitarla ese año, porque no vendría su hija.

22.   Un importante abogado

Pero en ese momento, el relato fue distinto, empezó a recordar que algunas semanas antes del nuevo milenio, recibió la visita del hermano del ciclista, un importante abogado y empresario de la ciudad de Lima, quien había decidió festejar el cambio de siglo, en Madrid.

Desde el año 1996, éste había instalado una empresa constructora en la ciudad española, la cual realizaba obras de infraestructura en la ciudad de Lima, volviéndose en poco tiempo muy productiva, con sus utilidades había adquirido una hacienda, en las afueras de Madrid, la cual producía vinos. También aprovechó aquella estancia para llevar desde Lima, a algunos de sus caballos de paso.


Para celebrar su buena fortuna, y el cambio de siglo, había decidido invitar a sus más queridos amigos, a los cuales les ofrecía inclusive el traslado en avión, así como el hospedaje durante una semana; entre sus invitados se encontraba un periodista de un importante programa radial; y por supuesto, a su hermano, el ciclista.

El mismo abogado había ido a visitar a la anciana, y como él había perdido a su madre hacía varios años, decidió que ella debía formar parte de esa celebración, asegurándose que sería su invitada de honor, pero ella  (Ana) le agradeció esa gentileza, y se excusó, porque justo ese año su hija, la que residía en Suiza, vendría a visitarla a Lima, con sus dos nietos.

Según la anciana, el abogado estaba lleno de proyectos, porque también había adquirido varios terrenos en las playas al sur de Lima, donde pensaba construir algunas urbanizaciones playeras, zona que se había revalorizado en unos pocos años.

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