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jueves, 2 de febrero de 2017

Una fiesta de carnavales y Quisiera

Una conexión de amor


4.   Una fiesta de carnavales

Otro acto curioso, sucedió a finales del mes de febrero del año 2006, aquella noche de verano se celebraba una fiesta de carnavales en un conocido local miraflorino. En un instante me percaté que el sujeto se acercaba a la mesa donde yo me encontraba con un familiar y otras amistades.

Como mujer, se que la vestimenta también habla, por ejemplo unos hombros descubiertos son una invitación a tocarlos, lo que no debería suceder cuando están cubiertos, sin embargo, dicho día mi experiencia fue distinta. 

El sujeto, quien había ingresado al local con su mujer, se acercó a nuestra mesa sin compañía, iniciando su saludo con un apretón de manos a cada uno que estaba sentado alrededor de ella, sean damas o caballeros.

Al llegar a mi silla, yo debía moverme porque me encontraba justo de espaldas a él, sintiendo que el sujeto empezó a acariciar mi hombro, colocó toda su mano sobre mi hombro y la mantuvo ahí hasta que yo opté por devolverle el saludo, con una palmada con mi mano derecha sobre su mano que continuaba sobre mi hombro, lo curioso fue que el sujeto, utilizó su mano izquierda para acariciar mi mano, las cuales demoró en retirar, para continuar saludando a los otros invitados con un apretón de manos. 

Mientras se retiraba, lucía una amplia sonrisa.

En el transcurso de la fiesta, varias veces lo noté caminando cerca a nuestra mesa o buscando mi mirada, la cual la sentía por una fuerte sensación en el ambiente.


5.   Una extraña fotografía 

A los pocos días de esa fiesta, mi amiga Claudia, aquella que reside en la calle José Gálvez, me comentó que su hermano estuvo con el sujeto, en una fiesta en su casa de playa (no entendí en la casa de playa de cuál de los dos), y que se tomaron varias fotografías, en una de ellas se aprecia al sujeto parado en medio de dos damas que estaban sentadas, las que resultaron ser la consorte y una de sus hijas.

Como hija de fotógrafo, se reconocer el lenguaje de una fotografía, y en esta observé que el sujeto mantenía presionada toda la mano sobre el hombro descubierto de su hija, mientras que sólo había colocado la punta de sus dedos, sobre el hombro cubierto de su cónyuge, como quien la toca de compromiso.

¡Y pensar que días antes había colocado toda su mano sobre mi hombro!


Mientras le hice notar a mi amiga, sobre ese acto de la fotografía, aproveché para preguntarle:  ¿qué hacia ella con esa fotografía?, a lo que Claudia me respondió, que al día siguiente de esa fiesta, fue el cumpleaños de una de sus hijas, y que su hermano tuvo la gentileza de prestarle la cámara fotográfica para culminar el rollo, y que a su vez ella lo llevara a revelar, mantuviera sus fotografías, y le entregue las suyas; pero que estaba demorando aquella entrega para poder enseñármelas.

En las otras vistas, sólo se veía a varias personas sentadas o paradas en grupos, por las cuales no haré mayor comentario.

Las semanas transcurrían, y la actitud del sujeto se mantenía, lugar por donde la coincidencia nos hacía coincidir, eran notorios sus ademanes por acercarse a saludarme, y si no podía acercarse, trataba de mantenerse cerca. Cuando lograba acercarse, saludaba muy alegremente, preguntaba ¿cómo estás?, quedándose el mayor tiempo posible sin cruzar palabras, sólo mirándome, lo que algunas veces resultaba incomodo para mí.


6.   “Quisiera”

El día Jueves 25 de mayo del 2006 sucedió algo para enfatizar, asistí a una reunión en un local miraflorino, y como siempre el sujeto se acercó a saludar con un ademán de querer abrazarme, pero yo le extendí la mano, pero él con su otra mano tocó mi hombro, manteniéndolo durante más del tiempo del normal, tocándome prácticamente con sus dos manos, además de su penetrante mirada, fija hacia mis ojos, junto con su amplia sonrisa.


Durante toda la reunión, veía al sujeto dando vueltas alrededor de donde yo estaba parada, manteniendo su vista sobre mí. Un par de veces se acercó para mantenerse parado a mi lado, sin decir nada.

En el instante de despedirme, lo encontré ubicado en el marco de la puerta de salida, quizá porque estaba seguro que de todas maneras debía pasar por ahí, al hacerlo, el sujeto estiró su mano como si quisiera volver a tocar mi hombro, pero yo me alejé lo suficiente para que simplemente pudiera estrechar mi mano, la cual como de costumbre, parecía que no deseaba soltar.

Al regresar a mi hogar, busqué un poema que había empezado a escribir a principios de año, el cual describía mis sentimientos, que brotaban de manera espontanea, en la cual redactaba ¿cuál podría ser la razón por la que aun mantenía estirada la mano, y evitar saludarlo con un beso en la mejilla?.

Letras que se convirtieron en el poema “Quisiera”.



Es preciso recordar que, desde hacía varias semanas, su presencia en lo malecones miraflorinos fue más notoria, en especial en el parque Rabin, ubicado a dos cuadras de mi hogar, el cual frecuento desde que resido en el distrito de Miraflores.

El fin de semana, siguiente al del 25 de mayo, lo vi en el malecón cerca al gimnasio, donde yo solía realizar mis ejercicios, parecía que me esperaba, siempre con una amplia sonrisa, pero no estaba con ropa deportiva ni con zapatillas, por ello concluí que deseaba estar cerca a mí.


7.   Azul

El día 31 de mayo tenía el poema concluido, y unos inmensos deseos de enviarlo, pero existían demasiadas dudas, aunque aparentemente estaba viviendo solo, todavía continuaba casado. Por ello decidí emplear un correo electrónico con un seudónimo, usando mi color preferido, el Azul, remitiéndole aquel romántico poema titulado “Quisiera”, sin colocar algún rastro que me pudiera identificar.


Transcurrieron las semanas y el comportamiento del sujeto fue similar: acercarse, rondarme, mantenerse parado cerca a mí y sobre todo fijar su vista con una fuerte expresión en su mirada,  con la cual parecía que deseaba comunicarse, aunque a veces yo rompía el silencio conversando sobre cualquier tema.

Cuando lo encontraba en la calle, un poco alejado, y le parecía que le era imposible acercarse, trataba de llamar mi atención alzando uno o ambos de sus brazos, con el ademán de saludar, escuchando a lo lejos su voz diciendo : “hola, cómo estas”.


martes, 3 de enero de 2017

Una transmisión telepática

Una conexión de amor
8.   Una noche de primavera

Una hermosa y cálida noche de septiembre del 2006, el cielo estaba iluminado por una bella luna primaveral. Las circunstancias hicieron que volviera a encontrarme con el sujeto, en una velada, donde su actitud, me volvió a sorprender, a pesar de estar acompañado de su esposa.



Fueron varias las veces que lo observé parado junto o cerca de mí, entablando una conversación con alguien que estuviera a mi lado, hablando con un tono de voz muy alto, como para que lo escuche, y justo en el momento en que yo lo miraba, su respuesta era una amplia sonrisa junto con su penetrante mirada.

Hasta que llegó el momento, parece que el preciso para él, se acercó a mí, me extendió la mano, murmuró “que alegría me da verte”, y se quedó parado a mi lado, yo disimuladamente giré mi cuerpo, saludé a un conocido y me alejé, en esos momentos, yo ya estaba segura, el sujeto si tenía un interés por mí.

Antes de culminar la velada, sentí su mirada una última vez y lo vi alzando su copa como quien desea brindar conmigo . . . pero a lo lejos, optando por acercarse sigilosamente, en el camino hacía como que saludaba con una venia a las personas que estaban en la ruta, hasta llegar a mí y estrechar mi mano y decirme “espero verte pronto”.

Esos actos me motivaron a escribir muchas líneas sobre aquella actitud, pero a la vez siendo cuidadosa ante la posibilidad de ser un simple capricho masculino, porque sus actitudes eran visibles, pero sus palabras poco convincentes, y poco útiles para asegurar algún sentimiento.


9.   Curiosidad

El día 3 de octubre, le envié, igual con seudónimo, un poema que había iniciado en el mes de febrero, en el cual le relataba mis inquietudes sobre aquella actitud, titulado “Curiosidad”, pero reseñando que yo no estaba convencida, pero que igual me agradaban sus actos.


El día siguiente de dicho envío, asistí a una reunión en el hogar de un amigo, que reside cerca de mi casa, y en un momento no esperado apareció el sujeto.

Al ingresar, saludó de manera protocolar, pero a lo largo de la noche mantuvo sus ojos sobre mi, sonriéndome a lo lejos varias veces, hasta que se me acercó, y me dijo “qué bueno verte”, manteniéndose parado, pero ya sin pronunciar alguna palabra, momento algo incómodo pero superable. Segundos después me alejé de la zona, como quien deseaba saludar a un conocido.


10.   Una transmisión telepática

Fue en los instantes de la despedida, en que sucedió algo inexplicable. 

Yo había leído sobre las transmisiones telepáticas, que a veces creo tener con mis familiares directos, pero nunca me había sucedido con un extraño, y para mí ese sujeto, era un extraño.

Justo en el instante de la despedida, el sujeto me extendió la mano y con una inmensa sonrisa, escuché unas palabras muy claras, las cuales salían de alguna parte de su rostro, posiblemente desde su mente, porque no movía sus labios, lo que me pareció una transmisión telepática.


Poema Octubre

Las palabras que escuché fueron “tú me estas enviando los poemas”, yo me quede inmóvil, estaba escuchando una voz que no era mi voz, era “una voz”, la cual aparentemente fue una recepción mental, siempre manteniendo su amplia sonrisa.


Luego de escuchar el mensaje, y sobreponerme, traté de pensar en otra cosa, pues no sabía si el sujeto podía escucharme o leer mi mente, retirándose de aquella casa, sin dejar de mirarme, girando su rostro varias veces, manteniendo su sonrisa.



Al día siguiente, mi amigo Juan, me comunicó que había una reunión en la casa de una dama miraflorina, a la cual yo conocía, pero no éramos amigas, ella reside en la zona de San Antonio, por ello estaba un poco reacia a asistir, porque no había sido invitada directamente por la anfitriona, sin embargo debido a la insistencia de mi amigo, lo acompañé.

En dicha casa, me encontré con muchos miraflorinos, que conversaban sobre las futuras elecciones distritales, a los pocos minutos que ingresé, escuché llegar al sujeto, el cual empezó a saludar de una manera cordial y pasajera, estrechando su mano o inclinando el rostro, siendo nuestro encuentro protocolar, pero con la mirada sonriente, como si estuviera seguro que me iría a encontrar.




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domingo, 4 de diciembre de 2016

El abrazo y el beso



Una conexión de amor

11.   El abrazo y el beso.

Transcurría la velada, y casi todos los asistentes estábamos sentados conversando, hasta que la anfitriona invitó a pasar al jardín, para que nos sirviéramos, en ese momento se notó que la mayoría de personas se dirigieron apresuradamente hacia el jardín.

Yo me preparaba a hacer lo mismo, me levanté del sillón donde había estado durante toda la noche, y descubrí que la sala estaba prácticamente vacía, pero noté que el sujeto estaba en el otro extremo, conversando con otro caballero, cuando vi que mientras yo me paraba, el sujeto dejó de conversar con aquel caballero y se acercó a mí, realizando algo inimaginable.

Fueron instantes eternos, en cuestión de segundos, se detuvo delante mío, me miró fijamente, extendió su brazo izquierdo, me tomó por la espalda llevando mi cuerpo hacia el suyo, besando mi rostro intensamente, pronunciando “te amo”, luego de lo cual, me soltó muy suavemente y empezó a alejarse, pero esta vez sin sonreír.

Durante aquellos segundos yo permanecí inmóvil, manteniendo mis brazos a ambos lados de mi cuerpo, quedándome parada en medio de la sala, la cual en ese momento, si estaba vacía.


Transcurrieron varios minutos, y yo me volví a sentar en el confortable, pues no comprendí esa actitud, hasta que llegó mi amigo Juan (el que me invitó) con un vaso de gaseosa para mi, y me sugirió que nos acercáramos al jardín, yo le respondí que prefería mantenerme en la sala, la cual continuaba vacía.

Me mantuve sentada conversando con mi amigo Juan durante un largo rato, hasta que escuché que la gente empezaba a despedirse, a los pocos minutos, el sujeto volvió a acercarse, conversó un rato con nuestro amigo común, sin dejar de mirarme, despidiéndose de él con un apretón de manos, girando su cuerpo para volverme a abrazar, susurrándome al oído “gracias” y se retiró.

Habían transcurrido más de 15 minutos, cuando la mujer del sujeto se me acercó y frotó con su mano derecha mi brazo izquierdo, acto que hasta hoy no comprendo, luego se acercó a mi amigo y se despidió con el ademán de darle un beso en la mejilla. 

Lo que llamó mi atención, fue la diferencia entre el momento en que salió una y el otro, por eso pensé que quizá no se irían juntos, o que el sujeto estaría esperando afuera, pero era un hecho que continuaban juntos.


12.   Un momento de Amor

Entre octubre del 2006 hasta enero del 2007, lo volví a encontrar en algunas oportunidades, parecía que el sujeto sabía dónde estaría, porque en todas ellas también estaba nuestro amigo común, y/o yo había ido con él.

En esas ocasiones de manera disimulada, se acercaba a mí, extendía su brazo, tomaba mi espalda o mi hombro, llevándome sigilosamente hacia su pecho, besándome intensamente en la mejilla, sintiendo algo similar a un estallido en el momento de separarnos.

En los instantes de la separación, era recurrente escuchar un murmullo, el cual por la cantidad de veces que lo había pronunciado, ya las comprendí: “Te amo”, “Te quiero”, “Gracias por estar aquí”, y otras hermosas frases, que no son necesarias de publicar.

Fueron tantas las veces que escuché aquellas palabras, pronunciadas con tanta ternura, que a veces pensaba que estaban siendo transmitidas telepáticamente, porque como en ese instante estaba abrazándome, era imposible mirar sus labios.



Poema Amo


13.   Los encuentros en el malecón

Desde siempre frecuento los malecones barranquinos, miraflorinos y chorrillanos.

En la década de 1970 acostumbraba pasear en bicicleta, a cualquier hora durante los fines de semana, y muy temprano los días de semana, inclusive iba hasta el malecón miraflorino, donde está el bicicross del malecón de la Marina, a unos metros del parque Grau.

Ya residiendo en Miraflores, optaba por caminar, pasear en bicicleta, practicar gimnasia, jugar básquet y eventualmente correr.

Durante todo ese tiempo, nunca me había percatado de la presencia del sujeto, casi todos nuestros encuentros habían sido por las tardes o durante las noches, hasta que un día lo vi pedaleando una bicicleta por los malecones miraflorinos a las 6 am.

Parecía que la sorpresa era mutua, o quizá nuestro amigo común también se lo había comentado.

El sujeto, a quien a partir de ahora nombraré “el ciclista”, circulaba con casco, anteojos y una amplia casada que cubría su cuerpo, siempre iba a mucha velocidad, con relación a mi manera de pedalear, quizá por ello nunca lo había reconocido, a esa hora, hay al menos otros 300 ciclistas, con similares características, y a la misma velocidad, circulando por los malecones, además que muchas veces está oscuro o hay neblina.

Desde aquella vez, observé que constantemente pedaleaba con un par de amigos, a veces uno, otras veces otro, y eventualmente sólo, pero ahora parecía que pedaleaba a mi velocidad.

No lo veía a diario, parecía no tener alguna rutina, podía verlo venir o irse, pedalear por la vereda o por la pista.



Cuando yo realizaba ejercicios en el parque Rabin, no era posible saber si transitaba por la zona, hasta que una mañana lo vi descender por la pendiente, construida a finales del año 2006.

Durante todos los meses del verano del 2007, sólo hubo contacto visual y muchas sonrisas.

Hasta que el ciclista modificó su comportamiento, empezó a acercarse y disminuir la velocidad de pedaleo, para circular casi a mi mismo nivel, escuchando algunas palabras pero con un tono muy bajo, casi como susurrando.

Cuando yo pedaleaba por la vereda o por la pista, el trataba de darme el alcance y se trasladaba de la vereda a la pista, o viceversa; otras veces, cuando me veía venir en sentido contrario, acercaba su bicicleta hacia mi camino, lo cual obligaba a moverme hacia la derecha, pero en esos momentos escuchaba decir algunas palabras distintas como: “detente, para, espera”, pero nunca le hice caso.

Cuando parecía que sus deseos de hablarme llegaban a un límite, imaginó que la única manera que yo me detenga, era haciéndolo el previamente, moviendo luego sus manos hacia abajo y, pero: ¿Para qué me detenía?, para hablarme sobre él, realizar alguna pregunta genérica y decirme, “Deseaba verte más cerca”, y siempre con una amplia sonrisa, pero otras veces murmuraba palabras incomprensivas, que salían de alguna parte de su mente.

Algunos hechos que llamaron mi atención, era que cuando algunas veces yo pedaleaba por la pista, justo el también lo hacía en sentido contrario, y también sobre la pista. Otras veces en que yo estaba en la vereda, lo encontraba pedaleando por la vereda. Las coincidencias sobre la ruta muchas veces lo delineaban las circunstancias.


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