martes, 6 de diciembre de 2016

Una fiesta de carnavales y Quisiera

Una conexión de amor


4.   Una fiesta de carnavales

Otro acto curioso, sucedió a finales del mes de febrero del año 2006, aquella noche de verano se celebraba una fiesta de carnavales en un conocido local miraflorino. En un instante me percaté que el sujeto se acercaba a la mesa donde yo me encontraba con un familiar y otras amistades.

Como mujer, se que la vestimenta también habla, por ejemplo unos hombros descubiertos son una invitación a tocarlos, lo que no debería suceder cuando están cubiertos, sin embargo, dicho día mi experiencia fue distinta. 

El sujeto, quien había ingresado al local con su mujer, se acercó a nuestra mesa sin compañía, iniciando su saludo con un apretón de manos a cada uno que estaba sentado alrededor de ella, sean damas o caballeros.

Al llegar a mi silla, yo debía moverme porque me encontraba justo de espaldas a él, sintiendo que el sujeto empezó a acariciar mi hombro, colocó toda su mano sobre mi hombro y la mantuvo ahí hasta que yo opté por devolverle el saludo, con una palmada con mi mano derecha sobre su mano que continuaba sobre mi hombro, lo curioso fue que el sujeto, utilizó su mano izquierda para acariciar mi mano, las cuales demoró en retirar, para continuar saludando a los otros invitados con un apretón de manos. 

Mientras se retiraba, lucía una amplia sonrisa.

En el transcurso de la fiesta, varias veces lo noté caminando cerca a nuestra mesa o buscando mi mirada, la cual la sentía por una fuerte sensación en el ambiente.


5.   Una extraña fotografía 

A los pocos días de esa fiesta, mi amiga Claudia, aquella que reside en la calle José Gálvez, me comentó que su hermano estuvo con el sujeto, en una fiesta en su casa de playa (no entendí en la casa de playa de cuál de los dos), y que se tomaron varias fotografías, en una de ellas se aprecia al sujeto parado en medio de dos damas que estaban sentadas, las que resultaron ser la consorte y una de sus hijas.

Como hija de fotógrafo, se reconocer el lenguaje de una fotografía, y en esta observé que el sujeto mantenía presionada toda la mano sobre el hombro descubierto de su hija, mientras que sólo había colocado la punta de sus dedos, sobre el hombro cubierto de su cónyuge, como quien la toca de compromiso.

¡Y pensar que días antes había colocado toda su mano sobre mi hombro!

Mientras le hice notar a mi amiga, sobre ese acto de la fotografía, aproveché para preguntarle:  ¿qué hacia ella con esa fotografía?, a lo que Claudia me respondió, que al día siguiente de esa fiesta, fue el cumpleaños de una de sus hijas, y que su hermano tuvo la gentileza de prestarle la cámara fotográfica para culminar el rollo, y que a su vez ella lo llevara a revelar, mantuviera sus fotografías, y le entregue las suyas; pero que estaba demorando aquella entrega para poder enseñármelas.

En las otras vistas, sólo se veía a varias personas sentadas o paradas en grupos, por las cuales no haré mayor comentario.

Las semanas transcurrían, y la actitud del sujeto se mantenía, lugar por donde la coincidencia nos hacía coincidir, eran notorios sus ademanes por acercarse a saludarme, y si no podía acercarse, trataba de mantenerse cerca. Cuando lograba acercarse, saludaba muy alegremente, preguntaba ¿cómo estás?, quedándose el mayor tiempo posible sin cruzar palabras, sólo mirándome, lo que algunas veces resultaba incomodo para mí.


6.   “Quisiera”

El día Jueves 25 de mayo del 2006 sucedió algo para enfatizar, asistí a una reunión en un local miraflorino, y como siempre el sujeto se acercó a saludar con un ademán de querer abrazarme, pero yo le extendí la mano, pero él con su otra mano tocó mi hombro, manteniéndolo durante más del tiempo del normal, tocándome prácticamente con sus dos manos, además de su penetrante mirada, fija hacia mis ojos, junto con su amplia sonrisa.


Durante toda la reunión, veía al sujeto dando vueltas alrededor de donde yo estaba parada, manteniendo su vista sobre mí. Un par de veces se acercó para mantenerse parado a mi lado, sin decir nada.

En el instante de despedirme, lo encontré ubicado en el marco de la puerta de salida, quizá porque estaba seguro que de todas maneras debía pasar por ahí, al hacerlo, el sujeto estiró su mano como si quisiera volver a tocar mi hombro, pero yo me alejé lo suficiente para que simplemente pudiera estrechar mi mano, la cual como de costumbre, parecía que no deseaba soltar.

Al regresar a mi hogar, busqué un poema que había empezado a escribir a principios de año, el cual describía mis sentimientos, que brotaban de manera espontanea, en la cual redactaba ¿cuál podría ser la razón por la que aun mantenía estirada la mano, y evitar saludarlo con un beso en la mejilla?.

Letras que se convirtieron en el poema “Quisiera”.



Es preciso recordar que, desde hacía varias semanas, su presencia en lo malecones miraflorinos fue más notoria, en especial en el parque Rabin, ubicado a dos cuadras de mi hogar, el cual frecuento desde que resido en el distrito de Miraflores.

El fin de semana, siguiente al del 25 de mayo, lo vi en el malecón cerca al gimnasio, donde yo solía realizar mis ejercicios, parecía que me esperaba, siempre con una amplia sonrisa, pero no estaba con ropa deportiva ni con zapatillas, por ello concluí que deseaba estar cerca a mí.


7.   Azul

El día 31 de mayo tenía el poema concluido, y unos inmensos deseos de enviarlo, pero existían demasiadas dudas, aunque aparentemente estaba viviendo solo, todavía continuaba casado. Por ello decidí emplear un correo electrónico con un seudónimo, usando mi color preferido, el Azul, remitiéndole aquel romántico poema titulado “Quisiera”, sin colocar algún rastro que me pudiera identificar.


Transcurrieron las semanas y el comportamiento del sujeto fue similar: acercarse, rondarme, mantenerse parado cerca a mí y sobre todo fijar su vista con una fuerte expresión en su mirada,  con la cual parecía que deseaba comunicarse, aunque a veces yo rompía el silencio conversando sobre cualquier tema.

Cuando lo encontraba en la calle, un poco alejado, y le parecía que le era imposible acercarse, trataba de llamar mi atención alzando uno o ambos de sus brazos, con el ademán de saludar, escuchando a lo lejos su voz diciendo : “hola, cómo estas”.


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