martes, 30 de junio de 2015

Escritor poema de Fatima Rodriguez





“Escritor”
Fátima Rodríguez Serra

Desde Barranco voy a describir
este cuento, casi historieta
de una máquina de escribir
y una veloz motocicleta.

Casi siempre a la misma hora
por el malecón va circulando
un cielo azul que lo decora
a lo lejos, alguien tipeando.

En el horizonte, el poniente
mientras en una honda setenta
va una conductora sonriente
que maneja feliz y contenta.

El atardecer la acompaña
cuando transita por la vereda
a veces algo de lluvia baña
por la pista o la alameda.

Casi en el preciso momento
el escritor abre la ventana
se levanta, deja el asiento
y mueve un poco la persiana.

Por ser testigo de esa vista
colores violetas, grises, rojos
el atardecer siempre conquista
y él se quita los anteojos.

Pero algo llamará su mirar
una actitud muy femenina
lo hizo su curiosidad virar
cuando escucho una bocina.

Empezó a notar su presencia
compartir gestos de afinidad
a dar valor a su existencia
a reconocer la casualidad.

Fueron muchos meses, quizá años
mismo paisaje y misma hora
siendo ambos perfectos extraños
una sonrisa los enamora.

Un barranquino va escribiendo
y admirando aquel ocaso
una motociclista sonriendo
y saludándolo a su paso.

Hoy el escritor un Nóbel tiene
y la motociclista: poemas
a ambos escribir entretiene
sobre sus amores y problemas


1 comentario:

  1. Nací y viví la mitad de mi vida en el mágico distrito de Barranco, casi siempre mi rutina era laborar por la mañana y a estudiar por la noche, pero hacia finales de los años 70 y principios de los 80 casi todos los días, a la hora del ocaso era obligatorio pasear por el malecón de Barranco, y en una de esas tardes, no recuerdo por cual razón, debí tocar el claxon de mi motocicleta justo delante de la casa de un conocido escritor, fue así que desde esa tarde cada vez que transitaba por el malecón barranquino en el atardecer, el escritor y yo, la motociclista, compartíamos un afectuoso saludo.

    Debo anotar que yo siempre he manejado mi motocicleta con casco, anteojos protectores, casaca, guantes y botines, por ello es poco probable que el protagonista de este poema pueda reconocer mi rostro, posiblemente sólo podría recordar mi Honda 70 y mi sonrisa.

    Los invito a leer mi poema.

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